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En el ámbito profesional es frecuente hablar de conciliación entre vida laboral y personal, también conocida como work-life balance en el mundo anglosajón. Sin embargo, a mí me gusta más hablar de equilibrio de vida -personal y profesional-. Un proceso que tiende a la entropía o desorden, como tantos otros procesos físicos.

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A mi modo de ver, hay dos enfoques duales que son clave para un buen equilibrio de vida. En primer lugar, una proporción adecuada del tiempo dedicado al mundo interior (reflexivo) y al social (relaciones) ambos necesarios para el bienestar, aunque en proporciones diferentes para cada persona. En segundo lugar, un propósito de vida claro, que incorpore aspectos personales y profesionales, y un buen balance de nuestra dedicación a ambos intereses.

Hay personas que tienen un mundo interior muy rico y otras que son más relacionales, también las hay volcadas en el trabajo o en su vida personal, y todo vale, aunque es importante tener claro lo que nos hace felices para definir ese equilibrio único y personal, frágil por su mencionada tendencia a la entropía, como cualquier proceso de vida.

La dedicación que ofrecemos al mundo interior y social, se ve amenazada de muchas circunstancias cotidianas que requieren de nuestra atención y que nosotros mismos hemos elegido en algún momento, con el agravante de que no siempre tenemos clara la dosis de introversión y extroversión que estamos necesitando. Respecto al segundo aspecto, es aún más complicado, porque nuestro propósito de vida puede no estar claro y porque la incertidumbre laboral actual, está actuando como una fuente más de entropía, que lo desajusta sin previo aviso.

Hay veces que la desviación del propósito es tan grande que se impone un cambio radical. En otras ocasiones, puede ser suficiente con un buen golpe de timón, para restablecer el equilibrio y seguir enfocando nuestro propósito intacto.

Las más recientes investigaciones sobre los procesos cerebrales implicados en la conducta y decisiones humanas, están mostrando que las “nuevas herramientas” no están fuera, sino dentro de uno mismo y por lo tanto el éxito en el tercer milenio se halla más en dejar de aplicar aprendidas o nuevas recetas, fórmulas, prácticas y métodos, para ser generadores y renovadores de esas fórmulas, desde una perspectiva cualitativamente diferente, basada en la creación de soluciones.

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Se está dando un salto cuántico en el ser humano como tal. Hoy el “cerebro planetario” a partir de las características de las nuevas generaciones, la comunicación en redes sociales, visiones y comportamientos globales, dispone de infinidad de estímulos que le permiten generar infinidad de conexiones neuronales que no eran posibles décadas atrás.

El coach necesita adentrarse y ser parte de esta nueva perspectiva, de este nuevo ser yendo más allá de su hacer, de sus decisiones y metodologías de trabajo, integrando principalmente nuevas perspectivas que necesariamente han de ser interdisciplinarias -por la complejidad de los fenómenos humanos-, y su propia interioridad, para acceder a un tipo de información cualitativamente diferente a su cognición conciente.

El capital más valioso de un coach (como de cualquier profesional) hacia el futuro es y será su propio ser. Practicar la autoobservación de sus propios procesos mentales le dará la posibilidad de reconocer sus reacciones, sus tendencias naturales, las rutinas en sus funciones, las limitaciones en sus capacidades, las distorsiones en la percepción y por ende en la conducta y de buscar la variedad, el aprendizaje y crecimiento permanente y con ello el crecimiento de su cerebro, en nuevas redes neuronales que a su vez son la base de sus capacidades.

El coach necesariamente deberá seguir profundizando en su conocimiento de técnicas, recursos, métodos, ciencia y teorías del comportamiento humano, pero deberá adicionar a este conocimiento externo un profundo conocimiento interior, para ser capaz de reconocer, utilizar, hacer aflorar y desarrollar todo el cúmulo de recursos con que cuenta interiormente y que están más allá de la conciencia.

La conexión humana va mucho más allá de nuestro contacto a nivel conciente y mucho más allá de lo que podemos discernir sólo basados en nuestros sentidos externos. También se da más allá del lenguaje, en otras formas más sutiles, intuitivas y hasta difíciles de precisar basados en la lógica y el pensamiento racional.

Los coaches necesitan realizar nuevas interconexiones entre ambos hemisferios cerebrales para ser ágiles en el empleo del tipo de información que cada uno de ellos procesa y para ser capaces de estimular también a ambos hemisferios en el cliente, de modo de facilitarle el acceso a su propia información intuitiva y racional.

Este nuevo tipo de autoconocimiento, implica desarrollar una forma de pensar diferente que excede sus rutinas neurofisiológicas y abre puertas para el desarrollo de la comunicación mental, la hipersensibilidad emocional en la captación de estímulos y el hiperdesarrollo de entramados neurales que sostienen la plasticidad de todos estos procesos.

Desarrollar la capacidad intuitiva, las formas de acceder a nuevos insights, explorar todo el material metaconciente con el cual enriquecer no sólo el entendimiento con el cliente, sino además mejorar los propios mecanismos decisorios y la certeza de sus elecciones, es un nuevo giro en el aprendizaje y desarrollo del nuevo coach: del neurocoach.

Claudia Castellanos

Esto ya lo sabes: tú no eres tus circunstancias. Sin embargo, es difícil interiorizarlo cuando estás en mitad de una crisis o reto. Puede ser un despido, dificultades económicas, un divorcio, una enfermedad física o mental, la pérdida de un ser querido, o cualquier otra cosa que te impulse a desear taparte la cabeza con las sábanas y no plantarle cara al mundo.

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He enfrentado grandes retos que incluyen todos los anteriores y alguno más. No digo que sea fácil ponerse las pilas y seguir p´alante, pero SÍ es sencillo y se trata de una elección personal. En mi adolescencia tenía por costumbre culpar a los demás y a las circunstancias de mis problemas. A través de los años he aprendido que solo yo puedo HACER algo para cambiar mi situación y sobre todo, mi actitud. Soy la única que puede conseguir que yo vaya a terapia, al médico, seguir el proceso de recuperarme de una pérdida, tomar acción para cumplir un sueño, o cualquier otra cosa.

Superar retos me ha fortalecido. Sé de lo que soy capaz. También sé que puedo soltar lastre - no aferrarme al pasado, a resentimientos ni arrepentimientos - y seguir subiendo.

Algunas cosas que me han ayudado a ser imparable y además, alegre:

- Encontrar razones para salir de un mal trago en lugar de excusas para perpetuarlo.

- Pedir ayuda. Si tienes depresión, consulta con un experto. La vida es más fácil si buscas soluciones. Si tienes una enfermedad, aprende sobre ella, y procura ayudar a otras personas a superarla o comprenderla. Esa es la raíz de la mayoría de mis libros de ensayo

- Deja de culpar a los demás. Cuida tu propio jardín y observa cómo florece. Nadie puede hacerlo por ti, aunque tú pienses que deberían.

- Haz una lista de todos los pasos que puedes dar para superar tu reto actual. Si necesitas trabajar, reinvéntate, promueve tus destrezas, apúntate a un curso y busca trabajo como si tu vida dependiera de ello. ¡Así es!

- Sé agradecido - Con regularidad escribo una lista de todo por lo que doy las gracias. En momentos realmente difíciles recuerdo escribir que estaba agradecida de poder comprar comida para mis hijas. Todo lo demás se desmoronaba, pero teníamos de comer y estábamos juntas.

¿Qué haces tú para superar las dificultades?

“La felicidad humana, generalmente, no se consigue con grandes golpes de suerte, que pueden pasar pocos golpes, si no con pequeñas cosas que pasan todos los días”.

Benjamin Franklin

Nos autoconvencem que la vida mejorará en casarnos, al tener un hijo, en tener otro. Entonces, nos frustramos porque nuestros hijos todavía son pequeños; pero todo mejorará cuando crezcan. Entonces, nos desengañamos porque llegan a la adolescencia y debemos pelearnos con ellos; y creemos que seguramente seremos felices cuando superen la adolescencia, …

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Nos llamamos que la vida mejorará cuando hiciéramos cosas juntos con nuestra pareja, cuando tengamos un coche nuevo, cuando hiciéramos vacaciones, cuando finalmente nos jubiláramos, …

No hay mejor momento por ser felices que ahora mismo! Sino, cuándo?

La vida estará siempre llena de retos. Es mejor admitirlo y decidirnos a ser felices!

Siempre nos parece que la vida está a punto de empezar. Pero siempre hay obstáculos a lo largo del camino: una prueba por superar, un trabajo a concluir, una factura por pagar, … y después, la vida empezará. Y finalmente, llegamos a la conclusión que estos obstáculos son la vida.

Este punto de vista nos puede ayudar a entender que no hay un camino que nos traiga a la felicidad: la felicidad es el camino.

Entonces, disfrutamos cada instante!!!

Lo suficiente de esperar a acabar los estudios, a perder 10 kilos, a ganar 1000€, a casarnos, a que llegue el fin de semana, a estrenar coche nuevo, a liquidar la hipoteca, a que llegue el verano, a que suene nuestra canción por la radio, a morir, a renacer, … antes de decidirnos a ser felices!

“La felicidad es el viaje, no el destino.
No hay mejor momento por ser feliz que AHORA mismo!
Vivo y disfruta cada instante!”

Autor desconocido

Esta reflexión nos puede ayudar a ser más felices, hazla correr!