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Dentro del coaching hay un término que, en alguna ocasión, es posible que tengas que utilizar con tus clientes o incluso contigo mismo para que descubras realmente cómo están las cosas.

Este término es “zona de confort”, un término que, dicho así, no es que nos diga mucho. La verdad es que a mí me ha costado entender un poco su significado y aún ahora no sé si es el correcto o no.

La zona de confort es el conjunto de limites que, sutilmente, la persona acaba por confundir con el marco de su íntima existencia. Define muy gráficamente el acomodo de aquellas personas que han renunciado a tomar iniciativas que les permitan gobernar sus vidas.

Esto nos lleva a entender la zona de confort como aquella zona en la que no tomamos apenas decisiones sino que nos sentimos encasillados, como si con lo mínimo pudiéramos vivir y ser felices, sin tener aliciente en la vida ni tampoco querer hacer nada más que lo que estamos haciendo, ya que nos va bien.

Pero en coaching eso es algo a evitar, se debe ser capaz de mostrar a cualquier persona que se puede hacer cualquier cosa, que siempre, con ganas y voluntad, se puede conseguir lo que se quiera, que nunca nos debemos sentir satisfechos por algo porque siempre habrá algo que ansiemos, una meta que cumplir.

En Wikipedia, se define el bienestar como el conjunto de factores que participan en la calidad de la vida de la persona y que hacen que su existencia posea todos aquellos elementos que den lugar a la tranquilidad y satisfacción humana. “El bienestar social es una condición no observable directamente, sino que es a partir de formulaciones como se comprende y se puede comparar de un tiempo o espacio a otro”

El coaching puede contribuir a alcanzar esa sensación de bienestar y extenderla al mundo laboral, indica la experta. “Esa disciplina tiene el propósito de facilitar que las personas alcancen sus estados deseados, sus metas, sus sueños o deseos y en muchas ocasiones esas metas tienen que ver con mejorar su propio bienestar o el mejoramiento de la calidad de vida y laboral”, señala. Según la Organización Mundial de la Salud, la calidad de vida es “la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus expectativas, sus normas, sus inquietudes”. Es justamente cuando esta percepción de la propia existencia en comparación con las expectativas, se encuentra distanciada por una brecha, que un proceso de coaching puede facilitar a las personas el acceso a una comprensión más amplia de estas circunstancias.

Un coach puede ayudar a revisar con qué filtros se mira nuestra existencia, con qué sesgos, y cuando no es satisfactorio lo que percibimos, ensayar otras formas de observar, de percibir. “Hay que animarse a actuar de manera diferente, con el propósito de construir una calidad de vida más cercana a las propias expectativas”, dice la especialista. De esta manera, se puede conciliar la vida personal con la laboral, tratando de sostener las cosas que nos gustan más allá de la crisis financiera internacional.

Vía: Latincoaching