Archive for Octubre 2008

En todos los artículos hemos tratado el coaching de forma general pero no nos habíamos centrado en ningún tipo de coaching, al menos hasta ahora.

En este artículo queremos hablarte del coaching ontológico. Este coaching está basado en una rama filosófica llamada ontología del lenguaje. De lo que se trata es de que las personas lleguen a observar, pensar, sentir y desafiar a los modelos mentales obteniendo resultados en corto plazo.

Este tipo de coaching no es eficaz para medio y largo tiempo ya que se ve insuficiente como herramienta y, a la larga, puede ser más un estorbo que un beneficio. Es una forma de que las personas obtenga resultados con un coaching para que sean más susceptibles de aplicar otros cambios más importantes, con la confianza de que van a obtener buenos resultados.

El coaching ontológico está dirigido a empresarios, trabajadores, educadores y a todos aquellos que quieran mejorar los resultados de su trabajo a corto plazo y para resolver problemas sencillos (nunca profundos).

Un coach ontológico no es igual que otro tipo de coach. Éste observa a las personas e interpreta su forma de ser para, más adelante, establecer unos límites que hagan obtener mayor beneficio a la propia persona y que éste se de cuenta de cómo actuaba antes y cómo lo hace ahora (de ahí lo de observar, pensar, sentir y desafiar).

En la wikipedia podemos encontrar un modelo de coaching basado, como pone, en un líder deportivo. Sin embargo, este modelo o características, también se pueden atribuir a un modelo en general ya que todo coach ha de basarse en una serie de características.

Por tanto, basando el modelo de forma general tendríamos:

Una visión inspiradora, ganadora y transparente. Si nos basamos en una empresa, nuestro objetivo es alcanzar una meta, ya sea un ascenso, beneficios mayores, etc. Por tanto, el coach ha de tener esa visión siempre en cuenta a la hora de trabajar con sus “trabajadores”.

Planificación continua y semanal. Es normal que, a lo largo de la semana, o incluso el mes, se puedan plantear contratiempos en cualquier trabajo, por lo que es lógico que, aunque el coach haya de mirar y ejecutar su visión a largo plazo, ésta requiera de planes a corto plazo que sean moldeables y flexibles.

Líder ejemplo. Esta bien que alguien te diga lo que tienes que hacer y cómo hacerlo. Pero si no confianza en ello no sirve de nada. Por eso el coach tiene que ser ejemplo para los demás a fin de que puedan conocer de primera mano que el éxito se puede lograr.

Rutina. Con ello nos referimos a que no se puede lograr algo si no se invierte tiempo y esfuerzo en el mismo, esto es, no puedes crear algo y sentarte a esperar tus beneficios o recompensas, como dice el dicho “quien algo quiere, algo le cuesta”.

Motivación. Está relacionado con la rutina ya que el estar motivado (y el que el coach te motive) es algo muy importante para lograr tus logros.

Compromiso. Una frase lo puede definir bien: no puedes empezar algo y dejarlo a mitad de camino porque te aburres o no te gusta. Si te has comprometido, has de esforzarte al máximo por ese objetivo. Después ya verás lo que te puede deparar.

¿Para qué?… Qué gran pregunta… La respuesta no es sencilla de explicar.

Una de las percepciones que existe acerca del coaching, es la de un proceso en el cual una persona intenta convencer a otra de qué es lo que tiene que hacer. En realidad, esta percepción se ajusta a perfiles que o bien no tienen aún gran conocimiento de en qué consiste el coaching (y no lo han experimentado), o han tenido una mala experiencia con un coach (que actuó de esa forma), o conocen a alguien que la ha tenido, o tal vez relacionan esta disciplina con otras a las que suele asociarse (vease, asesoría o consultoría).

Por otra parte, en empresas donde hay un coach interno que ejerce sus funciones dentro de la compañía para la que trabaja, puede percibirse como una presión por parte de la misma para que la persona se ajuste a lo que la empresa quiere y (por la información que ha llegado a mis oídos de usuarios de este servicio) se vive como un intento de manipulación por parte de la empresa. Por supuesto, se asume que esta pueda ser una percepción subjetiva y en ningún caso, sea la intención ni el modo de trabajar de los coaches contratados dentro de una empresa (si bien es cierto, que pierden cierta libertad al estar bajo las normas de su contratador…). Por otra parte, la política y la cultura empresarial influyen en este sentido. Si la empresa es innovadora y puntera en su departamento de Recursos Humanos, el planteamiento será completamente distinto a si es rígida y está perdida en el pasado.

El coaching busca sacar a la luz la potencialidad de la persona, ayudar a modificar ciertos esquemas (siempre no patológicos) de pensamiento (que inevitablemente acaban llevando a actitudes y acciones determinadas) y a que el otro se dé cuenta de qué, cómo, cuándo y dónde va a llevar a cabo ciertas acciones, siempre partiendo de sus propios recursos. Esto supone, que el lavado de cerebro está descartado como uno de los fines del coaching. 

¿Cuál es entonces el fin último?:

Calidad de vida. Ser “felices” en última instancia. Teniendo en cuenta el concepto de ser feliz como algo más permanente en el tiempo que una situación determinada en un momento concreto y, asumiendo, que la felicidad eterna no es alcanzable para el común de los mortales…

Con esto como base, pregunto ¿Qué nos hace más felices?. La respuesta que me surge es la coherencia con nosotros mismos. La coherencia con nuestros propios valores y principios, con nuestros deseos y aquello que consigue tener un impacto positivo en nosotros.

Lo más común: una tendencia conformista dentro de nuestra zona de confort, alimentada por todas las creencias irracionales de incapacidad y temor al cambio, entre otras cosas. Se produce una negación (inconsciente) de qué queremos realmente y se transforma en una sucesión de obligaciones e imposiciones, en ocasiones internas y en ocasiones, externas (aunque al final, todo revierte en la introyección de las normas impuestas desde fuera, las asumimos y nos sometemos a ellas sin cuestionarlo… hasta que lo hacemos, claro está).

A esto se une el punto sorprendente (desafortunadamente habitual): ante la pregunta “¿a ti qué es lo que te gusta?” la persona responde con mirada asombrada y… silencio de blanca… Mucha gente NO LO SABE. Nunca se han parado a pensarlo… No entra en su concepto.

Con lo cual, si uno de los objetivos es aumentar la conciencia de la persona en cuanto a sus capacidades y al enfoque que desea dar a una situación o incluso a su vida, también es revolucionar de algún modo el punto de vista desde el que miraba el mundo. En definitiva, es crear coherencia interna entre lo que somos, lo que mostramos y lo que queremos.

Bien… hasta ahí todo más o menos claro… entonces ¿qué hace que una persona no haga lo que tendría que hacer para ser más feliz? ¿Qué hace necesaria la presencia de alguien ajeno? Ahí lo dejo, como pregunta de reflexión….